Soledad
He aprendido a vivir contigo, Soledad, a compartir contigo mis días y mis noches, a invitarte al café de la mañana, a reconfortarme en tu denso abrazo. Me gusta cuando te sientas junto a mí en el sofá, Soledad, mientras degusto una buena lectura, aunque a veces trato de ignorarte un poco, sólo un poco, porque, en el fondo, esas veces me agobias. No puedes pretender estar en todos mis recuerdos. Sé que eso te enfurece. No me gusta mirarte a los ojos, Soledad, tu mirada puede convertirse en una arma peligrosa, es aguda y gélida, es profunda y bélica, como la de Medusa. Eres mi más fiel compañera, Soledad, te regodeas de ello. Tu nombre ondea en la bandera de mi barco y cubre las paredes de mi desgastado corazón. Eres sempiterna, Soledad, tu esencia es tangible. Puedo olerte, puedo oírte cuando cantas en un susurro mis canciones favoritas. Atesoras mis más oscuros secretos, conoces mi historia como la tuya misma; eres mi confidente, Soledad. Pero como todo en esta vida, algún día partirás...